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† Lectura del santo Evangelio según san Juan (10, 31-42) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, cuando Jesús terminó d...

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PRIMERO: el motivo y fin de él debe ser Dios; esto es, que vuestro amor debe ser un amor de caridad y un amor cristiano, pues no todo amor es caridad. El amor que hay entre las gentes del mundo es un amor sensual, humano, lleno de interés, y que casi siempre lo referimos a nosotros mismos. San Agustín dice: Amas a tu mujer porque es el objeto de tus placeres carnales; amas a tu amigo porque o vivís juntos, o jugáis uno con otro; amas a tu amo porque te da bien de comer: lo mismo hacen los infieles y paganos. Debéis, pues amar a vuestro prójimo con un amor de caridad, y no por motivos naturales, sino por principios de religión; porque el prójimo es imagen de Dios, es miembro de Jesucristo, y ha sido redimido con la sangre del Hijo de Dios como vosotros. Debéis amar a vuestros semejantes, no por atraerlos a vosotros ni a vuestros intereses, sino para llevarlos a Dios, y que les conceda su amor y su santo temor: debéis amarlos, no para ser los aprobantes de sus pasiones desregladas, o los cómplices de sus desórdenes, sino para reprenderlos y corregirlos en lo posible. ¡Bello amor sería el que tuviereis a vuestro amigo si lo amarais quizá para perderlo con vuestras disoluciones, para llevarlo al juego, a las diversiones peligrosas, o tal vez a otros lugares peores! Amar es querer bien: por esto no amáis a vuestro prójimo si en cuanto podéis no le procuráis los verdaderos bienes, los cuales consisten en el amor de Dios y en la eterna salvación: no lo amáis si no procuráis librarlo de los verdaderos males, que son los pecados y las inclinaciones viciosas. No amáis a vuestro hijo si no lo castigáis o reprendéis cuando ofende a Dios de cualquier modo que sea; y lo mismo os corresponde hacer con respecto a vuestros criados.
SEGUNDO: nuestro amor al prójimo debe movernos a que nos compadezcamos de sus miserias, y que procuremos en cuanto sea posible aliviársela con agrado, pues regularmente se hace todo lo contrario. La aflicción de vuestro prójimo a veces os sirve de motivo para levantaros vosotros, y abatirlo a él. Acordaos sino del ejemplo que nos dio el samaritano. El Señor os dice que hagáis lo mismo si queréis conseguir la vida eterna. Sed, pues, caritativos, asistid al prójimo con vuestros medios, con vuestros auxilios, y si es necesario hasta con vuestro trabajo: esto no es una obra de consejo, sino de precepto y de obligación.
TERCERO: El tercer carácter del amor del prójimo es que debe abrazar a todos los hombres sin excluir a uno solo. El amor de la mayor parte de los cristianos es un amor particular, un amor voluble y caprichoso. Aquel sujeto será el mejor hombre del mundo con los extraños, en casa de sus vecinos, o en las concurrencias; pero en su casa es una fiera, no tiene ternura con su mujer, ni con sus hijos ni con sus criados.
No debe ser así, hermanos míos; debemos amar a todos nuestros semejantes en general, y tener compasión de todos los miserables; pero sobre todo debéis obedecer y cumplir el mandamiento que el Hijo de Dios nos impuso, diciendo: Amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen, y haced bien a los que os calumnian.
CUARTO: Finalmente debemos amar a nuestro prójimo en todo tiempo: este es el cuarto carácter del amor del prójimo; y la razón de ello es que en todo tiempo es imagen de Dios e hijo de la Iglesia; y así no debemos cansarnos nunca de hacer bien, como dice el Apóstol (II Tes 3,13) Toda planta que mi Padre celestial no ha plantado será arrancada, nos dice Jesucristo en su Evangelio (Mt 15,13) Cuando no amáis al prójimo sino porque es vuestro pariente y bienhechor, o cuando dejáis de amarlo porque no os ha correspondido o porque deja de haceros bien, este amor es humano y natural; pero si continuáis en amarlo, no obstante las desgracias que le sucedan, o los agravios que os haya hecho, este es un amor de caridad constante e invariable, como Dios que es el motivo de él.

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